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jueves, 20 de octubre de 2016

Cómo el Pilates llegó a mi vida

Pues esta historia puede parecer increíble pero es todo purita realidad y quienes me conocéis en persona sabéis que así es.

Al día siguiente de una operación quirúrgica empecé a padecer un dolor terrible en una costilla. La operación no se acercaba ni de lejos a esa zona por lo que entiendo que al pasarme de camilla (o sino, a saber cómo) alguien sin querer me dio un golpe.

Si pasaba más de hora y media sentada, empezaba a sentir una presión horrorosa en mi costilla, como si alguien me estuviese mordiendo ahí. 

Yo preguntaba a gente y médicos y en general me decían que sí, que pude llevarme un golpe y que los mazados en esas zonas tardan mucho en dejar de doler, así que intenté no darle importancia aunque era muy molesto.




Pero, de pronto, me quedé embarazada y el dolor pasó a ser insoportable. Ahí recurrí a traumatólogos, y nadie me quería ni tocar, estaba embarazada y acercarse a una debe estar prohibido por lo que tuve que padecerlo de forma horripilante. O estaba de pie o estaba tumbada, sentada no podía por más de 10 minutos. 

La tumbona de la piscina de mis suegros me acompañó durante la parte más pesada de mi embarazo. Me la llevé incluso a un Magosto (celebración que se hace en Ourense por San Martin, que es nuestro patrón, en la que nos lanzamos a zonas libres, hacemos hogueras, comemos castañas, asamos chorizos... paro que se me cae la baba).

No veía el día de dar a luz para liberarme de aquel suplicio, pero por otro lado, me aterrorizaba el momento de las contracciones y el de empujar por si mi dolor de costilla me impedía tener un parto decente. 

Ahí mi matrona me disipó dudas y me dijo.... No te preocupes, no se pueden tener dos dolores insoportables en el cuerpo a la vez, uno anula al otro, así que, créeme, no te acordarás de tu costilla... Eso me dejó dormir en paz al fin. Cuánta razón tenía.

Llegó el momento del parto, que acabó en cesárea por otros motivos, y he de decir que mi costilla apenas dio señales durante unos meses.

Hasta que volvió con más fuerza.

Me hicieron una resonancia donde se confirmó mi peor pesadilla. Mi dolor sería crónico, porque, como todo el mundo me decía que esperase, se había calcificado y ya no había forma de arreglar aquello. Me quedaba aprender a vivir con esto.

Empecé a preguntar alguna forma de aliviar el dolor y que fuera soportable o incluso invisible y todo el mundo me repetía la misma palabra: PILATES.



Mi fisio, que me veía semana tras semana y luchaba con mi costilla, me insistía siempre, sólo el PILATES te ayudará. 

Así fue como me decidí.

Busqué un centro de fisioterapia cerquita de mi casa y con clases de Pilates. Sé que hay gimnasios y centros como peluquerías que imparten también esa disciplina pero hay que tener mucho cuidado  con que quien nos dea las clases sea un fisioterapeuta con su curso correspondiente de Pilates, porque cualquier otra persona que no tenga ambos estudios puede provocarnos lesiones peligrosas y era lo único que yo no necesitaba.

Y así fue como mi profe, Laura, llegó a mi vida, y mis compis, María, Ramona, Jovita, y Nancy cuando puede, pasamos a ser el Lado Oscuro de la clase, como nos define la profe, porque además de hacer lo necesario para dejar de sentir dolor, puedes pasártelo pipa.





Beneficios del Pilates:

  1. Corrige y mejora tus posturas. 
  2. Estiras todos los músculos de tu cuerpo y los tonificas, por lo que mejoras tu flexibilidad, elasticidad y coordinación.
  3. Previene y rehabilita lesiones.
  4. Aprendes a trabajar tu suelo pélvico y tu pared abdominal.
  5. Es de lo más recomendado en los embarazos.
Contras del Pilates:

  1. Su precio, en mi caso pago 50€ mensuales por dos clases semanales de una hora cada una. Pero también hay que tener en cuenta que las clases son reducidas, nunca hemos estado más de seis personas por lo que, en cierto modo, es normal que tener un profesional que te pueda corregir la postura constantemente para que hagas bien los ejercicios no puede equipararse a  los precios de otros lugares como los gimnasios con su masificación y probablemente sin todas las titulaciones que te aportan el personal de un centro de fisioterapia.
  2. La disponibilidad en el horario en que se impartan las clases. Porque no son a la carta y en muchas ocasiones no se adaptan a las necesidades de cada persona.
  3. No sirve para adelgazar, sí tonificas pero si lo que quieres es bajar de peso, el Pilates no es lo que tú necesitas.



¿Qué ha cambiado en mi vida?.

Pues, además de la pereza que supone tener que salir de casa con el calor extremo del verano o con el frío cuando estás con la mantilla en el sofá, he de confesaros que la costilla en muy rara ocasión se ha vuelto a pronunciar. Así que cuando me lo recomendaron lo decían con toda la razón del mundo. También es verdad que puedo presumir de rodearme en general de grandes profesionales, y de intentar hacer lo que me mandan porque no olvidemos que lo primero es la salud. Y que, si tienes que convivir con algo, lo mejor es intentar hacerlo de la mejor manera posible.



martes, 13 de septiembre de 2016

Mi pequeña Ía

Mi pequeña gran Ía.

Te escribo esto para que lo leas cuando seas mayor.

Para que lo leas cuando te enfades con tu madre o tengas esas crisis existenciales que todos hemos pasado.

Para que lo leas cuando de tu boca salga ese "Yo no pedí nacer".

Nunca vi tanto sacrificio, tanta paciencia y tal sonrisa a pesar de estar destrozada por dentro como fue el caso de tu madre. Y es que, cada día la admiro más.

Llegaste a Urgencias con medio cuerpo en otra vida ya. 

Te ingresaron en la UCI pensando que te ibas en cualquier momento durante los tres primeros días.


Foto de La Voz de Galicia
Durante esos días, ella no salía de tu lado, sólo te miraba y te sonreía y te cogía en brazos cuando la ayudaban a apartar todos esos cables que te rodeaban.

Se obligaba a comer más durante todos esos días de cautiverio para estar fuerte porque a pesar de tener un nudo en la garganta de manera permanente, no te podía fallar debilitándose ella.

Tuviste una enfermedad muy grave, una Encefalitis por Herpes que gracias a que cogieron a tiempo, no te dejó secuelas.

Una semana más tarde decidieron subirte a planta porque parte de tu recuperación pasaba porque te pudieses mover dentro de una habitación "a tu aire", pero con mucho cuidado porque cualquier virus en el ambiente era peligroso para ti porque tu sistema inmune estaba destrozado.

Tu madre tuvo que luchar, suplicar y llorar porque por falta de camas (nuestro sistema sanitario, por ahorrar personal, cierra plantas y camas en verano) te pusieron un compañero de habitación.




Debido a tu encefalitis, tenías una irritabilidad máxima y todo te hacía llorar así que el paso de una mosca era insoportable para ti, cuánto más un compañero que no conocías, junto sus padres y visitas. Pero tu madre iba más allá pensando en los virus que los podrían acompañar y que podrían perjudicarte así que ahí se puso seria. 

Suplicó, rogó, lloró, y explicó a todo el que se ponía frente a ella el porqué su hija no podía tener compañeros de habitación.

Ahí, la pediatra que al principio le explicó que su hija no podía tener ni visitas por lo grave de su situación, le dijo que la infecciosa era su hija, y que mientras le pusiesen niño sanos (sólo de operaciones tipo apendicitis) el peligro lo tenían los otros niños...

Hasta aquí llega la sanidad pública. Niña contagiosa y aún así exponen a niños sanos... ¡Increíble!.

Pero se llevaron a ese niño, suponemos a operar, y metieron a otra niña, para operar también de vegetaciones. 

En cuanto tu padre le dijo a los padres de la niña lo contagiosa y peligrosa que eras para su salud, salieron pitando, jajajaja. Y es que, no era justo para nadie.

Y al día siguiente, tu madre lo consiguió. Habló y lloró, delante de MIR, celadores, auxiliares, enfermeras y médicos sin importarle lo que pensaran de ella porque en su cerebro sólo estabas tú. Y al final, lo consiguió. Logró que en tu puerta pusiesen un cartel de "infeccioso" y que no te pusiesen ningún compañero más.


Este era el cartel de la habitación


Según te ibas recuperando más y más, tu capacidad para estar encerrada iba mermándose también. Y es que, es normal, cómo le pides a un bebé de 20 meses que se esté quietito y se porte bien. Lo que necesitan es quemar toda esa energía que tienen. Y tú no podías en esa habitación.

Cuando ya faltaban sólo dos días para irte, llegaste a desquiciarte por la desesperación de estar de dos en dos horas quieta para el momento de la medicación y porque tenían que ponerte vías nuevas porque las anteriores se tupían. Despertabas con pesadillas del dolor por las vías, de la desesperación por las punciones y ahí estaba tu madre siempre, y también tu padre.

Así que no, quizás no pediste nacer, pero tu madre siempre está ahí por y para ti. Porque eres su mundo y lo que la hace levantarse cada mañana.

Así que, para esos días de frustración en los que pienses que tu madre no te comprende, da gracias de tener una madre que no te ha fallado nunca. Porque si en lo más difícil ella puede, lo fácil está chupado.

Y el resto de madres, como yo, o incluso tú, cuando seas madre si así lo deseas, estoy segura de que haríamos lo mismo, porque nuestro motor, sois vosotros, nuestros grandes pequeños, porque siempre seréis nuestros pequeños.